Cuenca Minera Libre

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lunes, 17 de febrero de 2014

EL AYUNTAMIENTO PEPERO DE RIOTINTO CONTINÚA SU CAMPAÑA DE PROPAGANDA ESPAÑOLISTA E IMPERIALISTA



    En esta ocasión justificada, no por el fútbol como vienen haciendo hasta ahora, sino  por un acto de “hermanamiento” con la Real Sociedad Colombina Onubense, creada, según sus propias palabras “con el afán de actualizar la memoria del Descubrimiento de América”, es decir, para darle propaganda a la engañifa de eso que llaman “Descubrimiento” y que no fue otra cosa que una invasión criminal, colonialista y genocida, precedida por la conquista de la Andalucía musulmana y la exterminación de sus habitantes y repoblación por castellano-leoneses. La anteriormente mencionada asociación también se define como “apolítica”, término que todos aquellos que nos consideramos políticos sabemos lo que significa: asociarse y seguir el juego a quienes tienen el poder (que normalmente en este país suele ser la burguesía y sus representantes del PP-PSOE). De cualquier manera, basta con entrar en su página web y ver las fotos de tanto almirante, izado de banderas españolas, procesiones de vírgenes, etc. para saber por donde van los tiros y donde queda su “apoliticismo”. Porque, ¿que apoliticismo es ese que se muestra orgullosos de una barbarie como llevaron a cabo los españoles a lo largo y ancho de todo el continente americano? Robos, violaciones, saqueos, esclavitud, muerte, enfermedades, aniquilación física y cultural de los pueblos indígenas, imposición religiosa, ¿es algo de lo que sentirse orgulloso?

    



    Fray Bartolomé de las Casas, contemporáneo de aquella barbarie, dejó testimonio de ello:



    ”Los cristianos con sus caballos y espadas e lanzas comienzan a hacer matanzas e crueldades extrañas en ellos. Entraban e los pueblos, ni dejaban niños y viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no abrieran las barrigas y hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos.

     Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas.

     Tomaban las criaturas de las tetas de las madres, por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas.

    Otros, daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo y burlando, y cayendo en el agua decían: bullís, cuerpo de tal; otras criaturas metían a espada con las madres juntamente, y todos cuantos delante de sí hallaban.

    Hacían unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra, y de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redentor y de los doce apóstoles, poniéndoles leña e fuego, los quemaban vivos.

    Otros, ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca pegándoles fuego así los quemaban.

    Otros, y todos los que querían tomar a vida, cortaban ambas manos y dellas llevaban colgando, y decíanles: "Andad con cartas." Conviene a saber, lleva las nuevas a las gentes que estaban huidas por los montes.

     Comúnmente mataban a los señores y nobles de esta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos en aquellos tormentos, desesperados, se les salían las ánimas.

     Una vez vi que, teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco indios principales y señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que verdugo que los quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso ahogarlos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen y atizóles el fuego hasta que se asaron despacio como él quería.

      Yo vi todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas. Y porque toda la gente que huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano, enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y lo comían que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías. Y porque algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos cristianos con justa razón y santa justicia, hicieron ley entre sí, que por un cristiano que los indios matasen, habían los cristianos de matar cien indios”.



    Y por si fuera poco, dejamos otro testimonio similar: "Yo, fray Marcos de Niza, de la orden de Sant Francisco, comisario sobre los frailes de la mesma orden en las provincias del Perú, que fue de los primeros religiosos que con los primeros cristianos entraron en las dichas provincias, digo dando testimonio verdadero de algunas cosas que yo con mis ojos vi en aquella tierra, mayormente cerca del tractamiento y conquistas hechas a los naturales. Primeramente, yo soy testigo de vista y por experiencia cierta conoscí y alcancé que aquellos indios del Perú es la gente más benévola que entre indios se ha visto, y allegada e amiga a los cristianos. Y vi que aquéllos daban a los españoles en abundancia oro y plata e piedras preciosas y todo cuanto les pedían que ellos tenían, e todo buen servicio, e nunca los indios salieron de guerra sino de paz, mientras no les dieron ocasión con los malos tractamientos e crueldades, antes los rescebían con toda benevolencia y honor en los pueblos a los españoles, dándoles comidas e cuantos esclavos y esclavas pedían para servicio.

     Ítem, soy testigo e doy testimonio que sin dar causa ni ocasión aquellos indios a los españoles, luego que entraron en sus tierras, después de haber dado el mayor cacique Atabaliba más de dos millones de oro a los españoles, y habiéndoles dado toda la tierra en su poder sin resistencia, luego quemaron al dicho Atabaliba, que era señor de toda la tierra, y en pos dé el quemaron vivo a su capitán general Cochilimaca, el cual había venido de paz al gobernador con otros principales. Asimesmo, después déstos dende a pocos días quemaron a Chamba, otro señor muy principal de la provincia de Quito, sin culpa ni haber hecho por qué. Asimesmo quemaron a Chapera, señor de los canarios, injustamente. Asimesmo a Luis, gran señor de los que había en Quito, quemaron los pies e le dieron otros muchos tormentos porque dijese dónde estaba el oro de Atabaliba, del cual tesoro (como pareció) no sabía él nada. Asimesmo quemaron en Quito a Cozopanga, gobernador que era de todas las provincias de Quito. El cual, por ciertos requerimientos que le hizo Sebastián de Benalcázar, capitán del gobernador, vino de paz, y porque no dió tanto oro como le pedían, lo quemaron con otros muchos caciques e principales. Y a lo que yo pude entender su intento de los españoles era que no quedase señor en toda la tierra.

     Ítem, que los españoles recogieron mucho número de indios y los encerraron en tres casas grandes, cuantos en ellas cupieron, e pegáronles fuego y quemáronlos a todos sin hacer la menor cosa contra español ni dar la menor causa. Y acaesció allí que un clérigo que se llama Ocaña sacó un muchacho del fuego en que se quemaba, y vino allí otro español y tomóselo de las manos y lo echó en medio de las llamas, donde se hizo ceniza con los demás. El cual dicho español que así había echado en el fuego al indio, aquel mesmo día, volviendo al real, cayó súbitamente muerto en el camino e yo fuí de parecer que no lo enterrasen.

    Ítem, yo afirmo que yo mesmo vi ante mis ojos a los españoles cortar manos, narices y orejas a indios e indias sin propósito, sino porque se les antojaba hacerlo, y en tantos lugares y partes que sería largo de contar. E yo vi que los españoles les echaban perros a los indios para que los hiciesen pedazos, e los vi así aperrear a muy muchos. Asimesmo vi yo quemar tantas casas e pueblos, que no sabría decir el número según eran muchos. Asimesmo es verdad que tomaban niños de teta por los brazos y los echaban arrojadizos cuanto podían, e otros desafueros y crueldades sin propósito, que me ponían espanto, con otras innumerables que vi que serían largas de contar”.





      ¿Quienes son los salvajes y quienes los civilizados?



    No hay justificación moral de ningún tipo para realizar semejantes actos, aunque legalmente estuviese legitimado el asesinato y la tortura para beneficiar a las potencias imperialistas europeas (en este caso esa vergüenza que llaman “España” y de la que muchos aún se enorgullecen) esquilmando los recursos naturales de los pueblos nativos y reduciéndolos a esclavos.

    Lo que estos indeseables llaman “Descubrimiento”, ese exterminio sangriento y robo a gran escala como nunca se ha visto en la historia de la Humanidad, ¿es motivo de orgullo y celebración? El que responda afirmativamente teniendo conocimiento de ello no es más que un sádico y un canalla, no pueden dárseles apelativos menos contundentes. ¿Es este el caso de los señores peperos de Riotinto? ¿o bien es que ni siquiera conocen la historia de la que dicen ser su “patria”? Siendo un poco observadores, basta con analizar el propio cartel que anuncia el infame evento para sacarnos de dudas. En dicho cartel, como indicamos abajo (las anotaciones son nuestras) podemos ver lo que parecen der las tres carabelas que partieron comandadas por Colón en 1492, llevando una de ellas la bandera española rojigualda QUE NO SE INVENTÓ HASTA EL SIGLO XVIII. ¿Es burda propaganda españolista o es que estos señores/as no tienen NI PAJOLERA IDEA DE LA HISTORIA de la que ellos consideran su nación? Otro aspecto es el de insertar un mapa de una provincia que no se creó de modo completamente artificial y arbitrario hasta el siglo XIX, cuando se puso en marcha el modelo de estado centralista-capitalista español. ¿Otra forma de borrar las identidades comarcales, así como la andaluza, convirtiéndonos solo en “onubenses” y por supuesto “españoles”? ¿Estrategia manipuladora o simple ignorancia? Saquen ustedes sus propias conclusiones. Lo único que se les ha pasado del cartel, a la vista está de cualquier persona con un mínimo de lucidez, es que da la impresión de que las embarcaciones navegan, no sobre las aguas de Corta Atalaya, sino sobre la sangre de su mismo color derramada por las armas de los siervos del Imperio español, tanto hace cinco siglos como en la actualidad.



    Por nuestra parte, actos como esto no hacen más que alimentar nuestro asco, desprecio y repulsa hacia quienes celebran genocidios que han quedado impunes, revestidos de un nacionalismo colonialista como es el español, mientras miles de personas en Andalucía y especialmente en nuestra comarca son víctimas del paro, de la delincuencia y las drogas, de la pobreza, de los desahucios, de la corrupción, de de los suicidios por motivos económicos, de la represión policial y de infinidad de desmanes perpetrados desde el poder contra el pueblo trabajador. Más les valdría a estos individuos que nos gobiernan invertir sus recursos en erradicar estas lacras que en actos propagandísticos para ensalzar y justificar a aquellos que nos mantienen (y cada vez más) en una situación de subordinación económica, social y cultural, tanto como andaluces como trabajadores.