Parece demostrado que las primeras cargas
policiales en la manifestación del 22-M en Madrid fueron propiciadas por
militantes de la organización de extrema derecha “Bandera Negra”. Este colectivo infiltró a una docena de individuos
en el grupo "Veteranos por la
Justicia y la Democracia" (ex-militares de cuerpos especiales del ejército español) e iniciaron los incidentes al final de la marcha. Su objetivo:
desacreditar una protesta multitudinaria muy preocupante para el gobierno, que
aprovechó el centenar de heridos resultantes para criminalizar y acusar a
grupos independentistas y anarquistas. De este modo, centran el discurso de los
convocantes en su defensa de estas acusaciones de ser “violentos” en vez de en
el éxito de las marchas y la organización de un movimiento más amplio y
consistente. Antes que nada queremos que distinguir entre estos elementos
provocadores parapoliciales que usan la violencia conscientemente con el fin
concreto de reventar la manifestación, y la legítima violencia empleada por los
trabajadores oprimidos por el sistema como autodefensa ante los ataques y
provocaciones de la policía.
El
grupúsculo neofascista “Bandera Negra”,
dirigido por el delincuente, drogadicto y terrorista nazi Ricardo Sáenz de
Ynestrillas, relacionado con el asesinato del diputado de Herri Batasuna Josu Muguruza en 1989 y condenado por disparar a un
narcotraficante que no le fió cocaína en 1999, ya intentó infiltrarse en el colectivo
de militares republicanos de izquierdas “Anemoi”
cosa que no consiguió ya que uno de sus miembros fue detectado y expulsado. Se
trataba del falangista Jorge de la Viuda, jefe territorial en Madrid del Sindicato Español Universitario (S.E.U.),
una organización estudiantil similar a la creada durante la II República por
Primo de Rivera para luchar contra las organizaciones de universitarias
comunistas, socialistas y anarquistas. Este elemento es uno de los detenidos
por los incidentes del 22-M y, ¿adivinan que abogado se encarga de defenderlo?
Pues sí, el mismísimo Ynestrillas.
Una vez visto el perfil abiertamente
fascista de sus integrantes, es momento de preguntarse ¿qué es “Bandera Negra” y qué pretende
autodenominándose como organización revolucionaria, republicana, federalista y
autogestionaria?
El
fenómeno de la infiltración de la policía y los ultraderechistas en movimientos
de izquierda viene de lejos. Para acercarse y captar a los trabajadores emplean
un discurso populista y manipulador, apropiándose de eslóganes y símbolos de la
izquierda. Falange lo hizo con la bandera rojinegra del anarcosindicalismo, y
éstos con la bandera negra, símbolo internacional del anarquismo y emblema de
las Juventudes Libertarias. Pero tras
este camuflaje “anarquista”, siguen habiendo ideales e intereses fascistas,
principalmente un exacerbado nacionalismo español y europeo basado en aspectos
raciales. También se identifica a grupos de esta calaña porque atacan casi
exclusivamente a los políticos, nunca a los privilegios de los capitalistas, y
porque sus propuestas dejan de lado un análisis científico de las relaciones
socio-económicas para el que el marxismo es una herramienta indispensable si se
pretende no caer en el idealismo romántico cuasi-religioso y populista del que
estas organizaciones hacen gala. Otro aspecto a tener en cuenta es el benevolente trato policial y
judicial del que gozan en comparación con los maltratos, sanciones económicas y
elevadas penas de prisión que padecen los militantes de izquierda.
Se ve que los
neonazis han estudiado bien la obra de su líder Hitler, de quien reproducimos
unas palabras que dejan clara su estrategia y objetivos:
“Es absurdo suponer un sindicato obrero
nacionalsocialista, junto a otros sindicatos obreros de índole diferente. No
existe la posibilidad de un entendimiento o de un compromiso, sino
únicamente el imperio del derecho absoluto y exclusivo.
Hay dos procedimientos para lograrlo:
a)
Se puede fundar una institución
sindicalista propia para luego hincar la lucha contra el sindicalismo
internacional marxista, o
b) Penetrar en el seno de los sindicatos
marxistas y tratar de saturarlos del nuevo espíritu y transformarlos en
instrumentos de la nueva ideología.
Bastaba
ya el color rojo de nuestras proclamas para atraerlos al local de nuestras
asambleas. La burguesía corriente se mostraba extremadamente indignada
al pensar que también nosotros nos habíamos
apoderado del rojo de los bolchevistas, y creía ver en esto algo de
doble sentido. Habíamos elegido el
color rojo para nuestras proclamas, después de minuciosa y honda
reflexión, buscando con ello provocar
a los de izquierda, hacer que montasen en cólera y así inducirles a que concurrieran a nuestras asambleas, aunque
sólo fuese con la intención de molestarnos; mas de este modo nos daban la
ocasión de hacerles escuchar nuestra
palabra. Cuán gracioso nos fue, en aquellos años, constatar de cerca,
en el cambio continuo de la táctica de nuestros adversarios, la desorientación
y la impotencia que les dominaba (...) lo
importante era que nos mencionaran, que se ocupasen constantemente de nosotros
y que, poco a poco, resultáramos ante los ojos del obrero, realmente como el
único poder al cual se combatía”.
En resumidas cuentas, el propio Hitler ya definió en su obra parte de la
forma de actuar que viene empleando el fascismo: creación y/o infiltración en
organizaciones de izquierda para captar adeptos (adoptando su simbología y
proclamas), provocar a los trabajadores para su posterior criminalización, y
desorientarlos para que dirijan su lucha CON
O CONTRA ELLOS y no contra sus enemigos de clase, los capitalistas (los
amos y promotores de los perro-fascistas).
El fascismo
obrerista en el estado español surge del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, favorable
a una república totalitaria de tipo corporativo. Este fascimo “de izquierdas”
pretende del mismo modo infectar ideológicamente a la clase obrera, entre la
que, desgraciadamente, escasea la formación política y social. Esta
circunstancia es aprovechada por estos grupos populistas y reaccionarios para fomentar
un discurso político y social con una retórica centrada en el ultranacionalismo
interclasista y el odio xenófobo, y lo que es más alarmante, apropiándose de
los lemas anticapitalistas y revolucionarios (aunque manipulándolos y
vaciándolos de su contenido original) para conseguir captar trabajadores.
En el caso de “Bandera Negra”, emplea términos como “república”
(sin especificar de que tipo), “autogestión” (algo incompatible con el
fascismo, pero empleado para ganarse a sectores del sindicalismo), “democracia”
(concepto usado recurrentemente por burgueses, clase media “progre” y obreros
desclasados, y oportunistamente por los fascistas para aplicarse una capa de
maquillaje), o “federalismo” (por supuesto, sin mencionar el derecho a la
autodeterminación).
En cuanto al carácter asambleario del que
presumen, aprovechamos para hacer una crítica (ya esbozada en artículos
anteriores referidos a infiltraciones en asambleas sindicales de elementos de
ultraderecha) de este método, basándonos en dos argumentos:
1-
La facilidad con la que pueden ser manipuladas. Solo con que algunos
participantes preparasen con anterioridad las líneas por las que encauzar los
debates y decisiones para llevar a ciertas asambleas a terrenos desfavorables
para sus propios intereses.
2-
¿Por qué ocurre esto? Por una parte, por la composición social interclasista de
algunas asambleas, y por otra, a la ya mencionada falta de formación política
de sus miembros. No se trata de ser antidemocrático, pero el sistema
asambleario de toma de decisiones, si no tiene un componente de clase y unos
miembros bien formados políticamente, no puede asimilarse a un sistema verdaderamente
democrático como el de los soviets de
la Revolución Rusa.
De hecho, Hitler era firme defensor de
las asambleas (antes de llegar al poder, claro), para captar acólitos entre
los trabajadores menos formados.
En sus propias palabras:
“La
asamblea popular es, desde luego, indispensable porque el individuo
que, como futuro prosélito de un naciente movimiento, se siente huraño al
principio, entregándose fácilmente al temor del aislamiento encuentra allí el
cuadro de una comunidad numerosa, lo cual tiene, para la mayoría de las gentes,
influencia reconfortante y alentadora (....) ¡Jamás debe olvidar esto el
movimiento nacionalsocialista!”
Ante estos hechos,
cierta “izquierda” se lamenta de no ser ella la dirigente de este tipo de
movimientos demagógicos encabezados por populistas y fascistas, tratando de
competir con los reaccionarios pero variando poco su discurso respecto a estos,
con el afán de captar votos o militantes entre una masa reaccionaria. Pongamos
algunos ejemplos: el uso de términos ambiguos e interclasistas como “ciudadanía”
o “democracia”, el discurso centrado casi exclusivamente en la rabia
anti-política, el escaso interés por formar a sus miembros y simpatizantes, el
dar prioridad a la cantidad (de votantes y/o afiliados) sobre la calidad, etc.
Entonces, ¿Cómo actuar los
comunistas frente a esta situación? Podemos señalar dos directrices básicas y
fundamentales, relacionadas entre ellas y confrontadas con las anteriormente
mencionadas:
-FORMACION:
Englobamos en este apartado el facilitar a los miembros y simpatizantes de las
organizaciones obreras, así como a las masas, un corpus teórico sólido y
científico para su estudio. Es de vital importancia romper con los conceptos
burgueses interclasistas ya mencionados (ciudadanía, democracia, república,...)
y sustituirlos por un lenguaje de clase (trabajadores, democracia
burguesa/obrera, república socialista, etc.). El marxismo es la herramienta
para hacer un análisis económico-social que destierre las concepciones
deformadas por los intereses del capitalismo y del fascismo.
-ORGANIZACIÓN: En cualquier
revolución triunfante ha sido necesaria e imprescindible una o varias
organizaciones que converjan en la lucha para llevar a cabo los cambios de
modelo económico-sociales en un territorio. Las organizaciones obreras son las
encargadas, no solo de la formación política del pueblo, sino de dirigirlos en
la guerra que más tarde o más temprano deberá producirse entre burgueses y
obreros, motivada por la injusticia y abusos que los unos cometen sobre los
otros. Es inevitable y responsabilidad de los capitalistas la guerra social, y
de esto deben ser conscientes las organizaciones revolucionarias, preparándose
para responder a la violencia del sistema en su debido momento para dar el
golpe final al capitalismo. Esta colosal tarea solo puede realizarse con éxito
mediante organizaciones disciplinadas que señalen firmemente las líneas que
separan a burgueses y obreros, encuadrando a la clase trabajadora en unos
principios que no puedan ser empleados, manipulados ni tergiversados por los
enemigos capitalistas y fascistas.