En esta ocasión justificada, no
por el fútbol como vienen haciendo hasta ahora, sino por un acto de “hermanamiento” con la Real
Sociedad Colombina Onubense, creada, según sus propias palabras “con el afán de
actualizar la memoria del Descubrimiento de América”, es decir, para darle
propaganda a la engañifa de eso que llaman “Descubrimiento” y que no fue otra
cosa que una invasión criminal, colonialista y genocida, precedida por la conquista
de la Andalucía musulmana y la exterminación de sus habitantes y repoblación
por castellano-leoneses. La anteriormente mencionada asociación también se
define como “apolítica”, término que todos aquellos que nos consideramos
políticos sabemos lo que significa: asociarse y seguir el juego a quienes
tienen el poder (que normalmente en este país suele ser la burguesía y sus
representantes del PP-PSOE). De cualquier manera, basta con entrar en su página
web y ver las fotos de tanto
almirante, izado de banderas españolas, procesiones de vírgenes, etc. para
saber por donde van los tiros y donde queda su “apoliticismo”. Porque, ¿que
apoliticismo es ese que se muestra orgullosos de una barbarie como llevaron a
cabo los españoles a lo largo y ancho de todo el continente americano? Robos,
violaciones, saqueos, esclavitud, muerte, enfermedades, aniquilación física y
cultural de los pueblos indígenas, imposición religiosa, ¿es algo de lo que
sentirse orgulloso?
Fray Bartolomé de las Casas, contemporáneo
de aquella barbarie, dejó testimonio de ello:
”Los cristianos con sus
caballos y espadas e lanzas comienzan a hacer matanzas e crueldades extrañas en
ellos. Entraban e los pueblos, ni dejaban niños y viejos, ni mujeres preñadas ni paridas
que no abrieran las barrigas y hacían pedazos, como si dieran en
unos corderos metidos en sus apriscos.
Hacían apuestas sobre quién
de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un
piquete o le descubría las entrañas.
Tomaban las criaturas de las tetas de las madres, por las piernas, y
daban de cabeza con ellas en las peñas.
Otros, daban con ellas en
ríos por las espaldas, riendo y burlando,
y cayendo en el agua decían: bullís, cuerpo de tal; otras criaturas metían a espada con las madres juntamente, y todos cuantos
delante de sí hallaban.
Hacían unas horcas largas,
que juntasen casi los pies a la tierra, y de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redentor
y de los doce apóstoles, poniéndoles leña e fuego, los quemaban vivos.
Otros, ataban o liaban todo
el cuerpo de paja seca pegándoles fuego así los quemaban.
Otros, y todos los que
querían tomar a vida, cortaban ambas
manos y dellas llevaban colgando, y decíanles: "Andad con
cartas." Conviene a saber, lleva las nuevas a las gentes que estaban
huidas por los montes.
Comúnmente mataban a los
señores y nobles de esta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre
horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que
poco a poco, dando alaridos en aquellos tormentos, desesperados, se les salían
las ánimas.
Una vez vi que, teniendo en
las parrillas quemándose cuatro o cinco indios principales y señores (y aun
pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque
daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó
que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que verdugo que los quemaba (y sé
cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso ahogarlos,
antes les metió con sus manos palos en
las bocas para que no sonasen y atizóles el fuego hasta que se asaron despacio
como él quería.
Yo vi todas las cosas
arriba dichas y muchas otras infinitas. Y porque toda la gente que huir podía
se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan
feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano,
enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor
arremetían a él y lo comían que si fuera
un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías. Y porque
algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos cristianos con justa
razón y santa justicia, hicieron ley entre sí, que por un cristiano que los
indios matasen, habían los cristianos de matar cien indios”.
Y por si fuera poco, dejamos otro
testimonio similar: "Yo, fray Marcos de Niza, de la orden de
Sant Francisco, comisario sobre los frailes de la mesma orden en las provincias
del Perú, que fue de los primeros religiosos que con los primeros cristianos
entraron en las dichas provincias, digo dando testimonio verdadero de algunas
cosas que yo con mis ojos vi en aquella tierra, mayormente cerca del
tractamiento y conquistas hechas a los naturales. Primeramente, yo soy testigo
de vista y por experiencia cierta conoscí y alcancé que aquellos indios del Perú es la gente más benévola que entre indios se
ha visto, y allegada e amiga a los cristianos. Y vi que aquéllos daban a los españoles en abundancia oro y
plata e piedras preciosas y todo cuanto les pedían que ellos tenían, e todo
buen servicio, e nunca los indios
salieron de guerra sino de paz, mientras no les dieron ocasión con los
malos tractamientos e crueldades, antes los
rescebían con toda benevolencia y honor en los pueblos a los españoles,
dándoles comidas e cuantos esclavos y esclavas pedían para servicio.
Ítem, soy testigo e doy
testimonio que sin dar causa ni ocasión aquellos indios a los españoles, luego
que entraron en sus tierras, después de haber dado el mayor cacique Atabaliba
más de dos millones de oro a los españoles, y habiéndoles dado toda la tierra
en su poder sin resistencia, luego quemaron al dicho Atabaliba, que era señor
de toda la tierra, y en pos dé el quemaron
vivo a su capitán general Cochilimaca, el cual había venido de paz al
gobernador con otros principales. Asimesmo, después déstos dende a pocos días
quemaron a Chamba, otro señor muy principal de la provincia de Quito, sin culpa ni haber hecho por qué. Asimesmo
quemaron a Chapera, señor de los canarios, injustamente. Asimesmo a Luis, gran
señor de los que había en Quito,
quemaron los pies e le dieron otros muchos tormentos porque dijese dónde estaba
el oro de Atabaliba, del cual tesoro (como pareció) no sabía él nada.
Asimesmo quemaron en Quito a Cozopanga, gobernador que era de todas las
provincias de Quito. El cual, por ciertos requerimientos que le hizo Sebastián
de Benalcázar, capitán del gobernador, vino de paz, y porque no dió tanto oro
como le pedían, lo quemaron con otros muchos caciques e principales. Y a lo que
yo pude entender su intento de los españoles era que no quedase señor en toda
la tierra.
Ítem, que los españoles recogieron mucho número de indios y los encerraron en
tres casas grandes, cuantos en ellas cupieron, e pegáronles fuego y quemáronlos
a todos sin hacer la menor cosa contra español ni dar la menor causa. Y
acaesció allí que un clérigo que se llama Ocaña sacó un muchacho del fuego en
que se quemaba, y vino allí otro español y tomóselo de las manos y lo echó en
medio de las llamas, donde se hizo ceniza con los demás. El cual dicho español
que así había echado en el fuego al indio, aquel mesmo día, volviendo al real,
cayó súbitamente muerto en el camino e yo fuí de parecer que no lo enterrasen.
Ítem, yo afirmo que yo mesmo vi ante mis ojos a los españoles
cortar manos, narices y orejas a indios e indias sin propósito, sino porque se
les antojaba hacerlo, y en tantos lugares y partes que sería largo de contar. E
yo vi que los españoles les echaban perros a los indios para que los hiciesen
pedazos, e los vi así aperrear a muy muchos. Asimesmo vi yo quemar tantas
casas e pueblos, que no sabría decir el número según eran muchos. Asimesmo es verdad que tomaban niños de teta por los
brazos y los echaban arrojadizos cuanto podían, e otros desafueros y crueldades sin propósito, que me ponían
espanto, con otras innumerables que vi que serían largas de contar”.
¿Quienes son los salvajes y
quienes los civilizados?
No hay justificación moral de ningún tipo para
realizar semejantes actos, aunque legalmente estuviese legitimado el asesinato
y la tortura para beneficiar a las potencias imperialistas europeas (en este
caso esa vergüenza que llaman “España” y de la que muchos aún se enorgullecen)
esquilmando los recursos naturales de los pueblos nativos y reduciéndolos a
esclavos.
Lo que estos indeseables llaman
“Descubrimiento”, ese exterminio sangriento y robo a gran escala como nunca se
ha visto en la historia de la Humanidad, ¿es motivo de orgullo y celebración?
El que responda afirmativamente teniendo conocimiento de ello no es más que un
sádico y un canalla, no pueden dárseles apelativos menos contundentes. ¿Es este
el caso de los señores peperos de Riotinto? ¿o bien es que ni siquiera conocen
la historia de la que dicen ser su “patria”? Siendo un poco observadores, basta
con analizar el propio cartel que anuncia el infame evento para sacarnos de
dudas. En dicho cartel, como indicamos abajo (las anotaciones son nuestras) podemos
ver lo que parecen der las tres carabelas que partieron comandadas por Colón en
1492, llevando una de ellas la bandera española rojigualda QUE NO SE INVENTÓ
HASTA EL SIGLO XVIII. ¿Es burda propaganda españolista o es que estos
señores/as no tienen NI PAJOLERA IDEA DE LA HISTORIA de la que ellos consideran
su nación? Otro aspecto es el de insertar un mapa de una provincia que no se
creó de modo completamente artificial y arbitrario hasta el siglo XIX, cuando
se puso en marcha el modelo de estado centralista-capitalista español. ¿Otra
forma de borrar las identidades comarcales, así como la andaluza,
convirtiéndonos solo en “onubenses” y por supuesto “españoles”? ¿Estrategia
manipuladora o simple ignorancia? Saquen ustedes sus propias conclusiones. Lo
único que se les ha pasado del cartel, a la vista está de cualquier persona con
un mínimo de lucidez, es que da la impresión de que las embarcaciones navegan,
no sobre las aguas de Corta Atalaya, sino sobre la sangre de su mismo color
derramada por las armas de los siervos del Imperio español, tanto hace cinco
siglos como en la actualidad.
Por nuestra parte, actos como
esto no hacen más que alimentar nuestro asco, desprecio y repulsa hacia quienes
celebran genocidios que han quedado impunes, revestidos de un nacionalismo
colonialista como es el español, mientras miles de personas en Andalucía y
especialmente en nuestra comarca son víctimas del paro, de la delincuencia y
las drogas, de la pobreza, de los desahucios, de la corrupción, de de los
suicidios por motivos económicos, de la represión policial y de infinidad de
desmanes perpetrados desde el poder contra el pueblo trabajador. Más les
valdría a estos individuos que nos gobiernan invertir sus recursos en erradicar
estas lacras que en actos propagandísticos para ensalzar y justificar a
aquellos que nos mantienen (y cada vez más) en una situación de subordinación
económica, social y cultural, tanto como andaluces como trabajadores.